En los colegios en los que
desempeño mi labor docente, la formación de personas íntegras, éticas,
competentes y comprometidas, en un ambiente de libertad, respeto, tolerancia y
honestidad, es una tarea de todos los días; estamos ciertos de que nuestros
estudiantes son más que cerebros con pies en un pupitre, cada chico es para
nosotros una persona única e irrepetible, determinado por un buen número de
factores que afectan no sólo su personalidad, sino la forma de enfrentarse al
aprendizaje y, por ende, a la escuela. Sin
duda, los anteriores son los principales valores que posee.
Los retos son muchos y no creo
que sean exclusivos de nuestros colegios; nos enfrentamos a una generación de
jóvenes cuya mayoría se encuentra desmotivada y con poco interés por el
estudio; debido, entre otras cosas, al bajo desarrollo de habilidades del
pensamiento y a un choque generacional y tecnológico que en muchas ocasiones no
entendemos o no queremos entender. Pedirle a un estudiante que aprenda algo es
ahora una tarea titánica, ¿para que aprenderlo si con un solo clic tiene al
alcance de su mano toda la información? El reto supone llegar a la meta
cognición y al aprendizaje significativo, donde el estudiante aprehenda, es
decir haga suyo el conocimiento toda vez que éste se vincule con su vida
cotidiana.
No hace mucho tiempo se cambió el
equipo de cómputo de los laboratorios correspondientes a fin de empatarlo con la
tecnología actual, ya que el anterior era por demás obsoleto. Entre otras, se
tuvo la intención de implementar el trabajo en aulas virtuales a fin de
incorporar las tecnologías de la información a nuestro quehacer educativo; sin
embargo se encontraron resistencias importantes por parte de profesores que en
su mayoría son inmigrantes digitales, pues para ellos supondría un esfuerzo
extra toda vez que no contaban con las competencias necesarias para su
utilización, aun cuando se promovió constantemente la capacitación. Los
docentes jóvenes nativos o cuasi nativos digitales opusieron menos resistencia
y comenzaron a trabajar de esta forma. De alguna suerte advertimos que los
estudiantes, aun siendo nativos de la era digital, no manejan de manera
adecuada las tecnologías de la información o al menos el amplio abanico de
posibilidades que éstas suponen; es decir, se manifiestan altamente eficaces y
eficientes para manejar las redes sociales y, sin embargo, no son capaces de
realizar tareas sencillas en plataformas distintas e incluso en programas que
parecieran de uso común.
Ahora bien, aun cuando la
penetración de las TICS en los hogares de nuestros alumnos raya en el 100%,
algunos estudiantes pretextaron miles de excusas para evitar la utilización de
este recurso o bien justificaron su no participación en algunas de las
actividades propuestas en las aulas virtuales, al esgrimir su falta de
entendimiento de la tarea o aduciendo complejidad de la misma y de la
plataforma, siendo que ésta es groseramente intuitiva. Resulta pues un
contrasentido que los chicos nacidos en la era digital, no sean capaces de
asumir encomiendas en plataformas que les debieran ser harto familiares, ya ni
hablar de blogs, wikis, videoconferencias y otras bondades tecnológicas. Por
otra parte, la incapacidad o dificultad para realizar adecuadamente encomiendas
que requieren de la utilización de procesadores de texto o de programas para
presentación de diapositivas o de video de amplia difusión, así como la mínima
o nula capacidad para discernir sobre lo útil o no en la amplia gama de
información contenida en la web; se desprende el cuestionamiento de si
verdaderamente los estudiantes de hoy saben conducirse y manejar adecuadamente las
tecnologías de la información y comunicación. Estoy cierto de que existe un
desfase entre las elevadas expectativas de cambio y mejora en la educación
escolarizada generadas por estas tecnologías y los limitados avances
conseguidos hasta el momento.
Sin duda alguna éste tan sólo es
un escenario, efectivamente las dinámicas en educación son y deben ser
distintas a las que se sucedían hace años, los roles y las funciones de cada
uno de los actores del proceso educativo, se han transformado de manera
importante y las TIC juegan un papel sustancial en ello. Las expectativas que
sobre las tecnologías de la información y la comunicación se tienen, con
respecto a su poder transformador y mejorador de la educación, deben entenderse
como potenciales; es decir, que pueden realizarse o no y que pueden lograrse en
mayor o menor medida en función del contexto en el que estas tecnologías sean
utilizadas y, a partir de los contenidos que sean sustancia en ellas y de la
finalidad que busquemos con su uso.
También existen experiencias con
las TIC altamente satisfactorias en nuestras escuelas, ejemplo de ello es la
implementación y utilización de la plataforma de Habilmind para medir el nivel
de las habilidades del pensamiento de cada uno de nuestros alumnos. A partir de
la aplicación y toda vez haciendo un análisis de los resultados, se han podido
generar estrategias para desarrollar las habilidades del pensamiento y, con
ello, incidir en el aprovechamiento escolar.
Hoy en día se tiene la pretensión,
en la institución en la que presto mis servicios, de equipar con pantallas y
computadoras cada uno de los salones de clase, hecho que promovería la
utilización de las tecnologías y coadyuvaría a la enseñanza de las TIC. Sería
algo como el uso de las tecnologías de la información y comunicación para
enseñar TIC, al tiempo que compartimos clase con nuestros estudiantes. Para
tales menesteres quienes fungimos como docentes habríamos de prepararnos y capacitarnos
en el uso de dichas tecnologías; no podemos exigir mucho a nuestros aprendices
si nosotros desconocemos su adecuada utilización.
Cada institución habrá de
plantear, a partir de sus necesidades, condiciones y realidades, las
características y alcances del uso de las tecnologías de la información y
comunicación; cada docente habrá de incorporar en su planeación el uso de estas
tecnologías de manera fundamentada.
Sin duda esta es apenas mi
primera impresión, toda vez que me adentre podré tener más herramientas que me
permitan opinar en contrario o confirmar lo necesario.